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miércoles, 13 de mayo de 2015

Colon Irritable. El trastorno somático que no podemos escuchar

Lic. Carina Torrez

Muchas veces ocurre que se comienza con un malestar digestivo, adjudicado a una indigestión pasajera pero que con el tiempo se repite y persiste por meses o hasta incluso por años.


No hace mucho tiempo, la medicina tradicional realizaba todo tipo de estudios a los pacientes que acudían a consulta por cólicos, diarreas, acidez... que lentamente comenzaban a limitar si vida laboral y social.
Poco a poco, los médicos han comenzado a adjudicar este malestar a un origen psicológico, refiriéndolo como "estrés".



Dentro del psicoanálisis diríamos que el paciente está atravesando un período de angustia (de la cual no tiene una noción consciente), y que su cuerpo es el que está manifestando ese malestar.
Es probable que el paciente refiera: peleas o malestar en el ámbito laboral; conflictos conyugales; pérdidas recientes.
El desafío en la terapia, es observar los indicadores subyacentes a este "Motivo de consulta" (motivo manifiesto por el cual el paciente llega al consultorio), y trabajar junto al paciente en la construcción en el análisis de los posibles "orígenes", si es que esto es posible, del malestar que lo aqueja.
Desde la medicina, se distinguen enfermedades que se denominan psicosomáticas. En estas patologías, si bien el malestar se manifiesta con síntomas orgánicos, su causa es psíquica o psicológica.
El Colon Irritable es considerado como un Trastorno Psicosomático, razón por la cual los síntomas suelen aparecer en situaciones de angustia, ansiedad, incertidumbre... lo que se podría llamar  estrés psíquico o emocional.
Se ha comprobado que el Colon irritable no está relacionado directamente con la dieta (si bien esta influye); los síntomas suelen aparecer independientemente de haber ingerido algún alimento en particular. Probablemente usted ya lo haya observado.



El Colón irritable es posible tratarlo con éxito con psicoterapia, ya que lo que suele trabajarse es la ANSIEDAD que el paciente presenta.
Complementariamente al tratamiento psicológico, en ocasiones es favorable acompañarlo de un tratamiento psiquiátrico, el cual aportará medicación no sólo para aliviar los síntomas, sino para disminuir los niveles de ansiedad y así desarrollar un análisis con menores resistencias. Claro está que el primer paso es descartar patologías orgánicas.



SI USTED PRESENTA ALGUNO DE LOS SÍNTOMAS MENCIONADOS EN ESTE ARTÍCULO, LO INVITAMOS A COMUNICARSE CON NUESTROS TELÉFONOS A FIN DE REALIZAR UNA CONSULTA. ESTAMOS DISPUESTOS A AYUDARLO.

martes, 6 de noviembre de 2012

Infidelidad. ¿Y ahora qué hago?


Lic. Carina Torrez



Cuando descubrimos que nuestra pareja nos fue/es infiel, sentimos que nuestro mundo se desmorona. Y es cierto: ese mundo perfecto de felicidad que habíamos construido juntos (o nosotros solos, sin participación de nuestra pareja), se derrumba como una pirámide de naipes. Otra cosa que también es cierto y es muy necesario comprender, es que ese mundo no era un mundo real. ¿Y qué quiero decir con esto?:
Para que una relación funcione, más allá de la “realidad objetiva” (como cuando nuestros amigos y familiares nos dicen: “este/a hombre/mujer no te conviene por…” y nos enumeran una cantidad de defectos de la persona que elegimos, y lo “incompatible” que son esas características con nosotros) más allá de todo eso, tiene que haber cierto grado de ilusión. Pero recuerden: CIERTO GRADO. Ni todo tiene que estar tan idealizado como para pensar que nuestra relación es perfecta, ni todo tiene que ser racionalizado como para poner al microscopio cada detalle. Creo que una buena palabra para tener en cuenta de ahora en adelante, es: “equilibrio”.
Cada uno tiene sus propios rasgos de personalidad, que lo llevan a ser más impulsivo o más racional; más pasivo o más activo; más reflexivo o más práctico; más comprensivo o más intolerante. Una vez más, la clave para que estos extremos generen el menor malestar posible es el equilibrio.

Pero claro, si acabamos de descubrir una infidelidad es difícil mantener nuestras emociones y sentimientos “equilibrados”. Sin embargo, es una de las primeras consideraciones que tendríamos que tener en mente. La traición causa mucho dolor, y el dolor puede provocar un sinfín de reacciones: llorar, maldecir, enojarnos, sentirnos tristes, sentirnos decepcionados, aislarnos. Hasta incluso sentirnos “estafados” en la confianza que depositamos en el otro, etc. No es momento para tomar decisiones drásticas, pero podemos intentar buscar algún grado de equilibrio que nos ayude a pensar mejor. Esto no nos va a proporcionar el alivio que buscamos, aunque nos puede permitir relajarnos ante ese dolor que por ahora es inevitable.

Por supuesto que queremos estar bien ¡YA!, pero lamentablemente tengo que decirles que eso por ahora no es posible. O al menos, no es posible en una persona sana. Ante una situación como esta, es natural que sintamos dolor. Hemos sufrido un golpe, y aunque los sentimientos y las emociones no se ven, duelen… y mucho. Por ejemplo: si nos martillamos un dedo: ¿alguien piensa que NO es “normal” dar un grito de dolor, sentir que el dedo late, se inflama, se forma un hematoma y no podemos tocar nada porque nos duele hasta el codo? Sería raro que ante ese martillazo en el dedo no sintamos ningún dolor, ni siquiera una molestia ¿verdad? Es fácil responder a esta pregunta, porque nos referimos a algo que vemos: un dedo lastimado por un martillazo. Pero cuando hablamos de sentimientos, no los vemos a simple vista. Podemos percibir que el otro está triste, afligido, desganado… pero no vemos “su herida”, entonces es más difícil entender el dolor que ésta puede causarle. Muchas veces, ni siquiera nosotros mismos vemos la dimensión de nuestra propia herida.

Una infidelidad marca un punto de inflexión en la pareja. Hay un antes y un después, por más de que nos empeñemos en “perdonar” y en creer cuando nos dicen: “No significó nada para mi. Vos sos el amor de mi vida”. Aunque queramos con todas nuestras ganas creer que esto es posible, la relación ya no vuelve a ser la misma.



En el consultorio he recibido cantidad de pacientes que recurrieron a terapia en busca de ayuda, luego de haber descubierto una infidelidad. Algunos habían tomado la decisión de separarse, otros aún continuaban la relación aunque considerando separarse, y otros continuaban el vínculo  intentando “recomponer la relación”. ¡Escuché tantas veces esta frase! Y me quedo con esta palabra: “recomponer”. Más allá de la definición del diccionario, me llaman la atención los sinónimos que se encuentran: rehacer, reformar, remediar, restaurar, reparar, arreglar.
Todo nos lleva a deducir que estamos hablando de algo que “se rompió”. Podríamos hablar y debatir sobre qué es lo que “se rompió”: ¿La confianza? ¿La relación? ¿El amor? Si somos más románticos, podríamos decir que se nos rompió el corazón. Pero: ¿Y si lo que se rompió fue esa ilusión de pareja perfecta? Como decía anteriormente: para que una relación funcione tiene que haber cierto grado de “ilusión” (en psicoanálisis decimos “idealización”). Pero prefiero usar la palabra ilusión porque es más sencillo de explicar con un ejemplo: ¿Alguien cree en la magia? Cuando vemos la actuación de un mago: ¿realmente creemos que con un soplido hizo aparecer a un conejo adentro de una galera? Cuando se le consulta a los magos acerca de su profesión, ellos prefieren usar la palabra “Ilusionista”: nos hacen creer que pueden hacer desaparecer a un tigre adentro de una jaula, pero son conscientes y saben aclarar que se trata de una ilusión, y si nosotros estamos predispuestos nos entretenemos sin pensarlo de esa manera: queremos creer que realmente con sus “pases mágicos”, todo eso que ocurre arriba del escenario es real.

En una relación amorosa (especialmente al comienzo), es fundamental tener esa capacidad de ilusionarnos con que el vínculo crezca, se consolide y lleguemos a ser eternamente felices. Si no tenemos esa ilusión, es como conocer todos los trucos del mago, y sentarnos a mirar el espectáculo sabiendo adonde tiene escondido el conejo, sin posibilidad de sorprendernos ni de disfrutarlo. También es fundamental que en una relación, luego de esa etapa de enamoramiento en el que idealizamos al otro (un otro supuestamente perfecto, hermoso, bueno, que tiene la fórmula para hacernos felices), decía que luego de esa etapa, la vida misma se encarga de que empecemos a confrontar al otro idealizado con el otro de la realidad. Y ahí empiezan los dilemas. Como escuché por ahí: “El príncipe azul, siempre destiñe.”, y lo mismo corre para las mujeres. Por eso el viejo chiste: “¿Cuál es la diferencia entre una princesa y una bruja? – 10 años de matrimonio”. Y sin hacer apología del machismo ni del feminismo, lo mejor que le puede pasar a una pareja es ir descubriendo estas características del otro. Recién ahí podemos decidir si nos toleramos mutuamente, si podemos “negociar” las diferencias, o si estas diferencias nos hacen incompatibles y así llegar a la conclusión de que lo mejor para los dos es que cada uno siga su camino.



Volviendo a “eso que se rompe”, podemos ir adentrándonos un poco en lo que en psicoanálisis llamamos narcicismo. Quizás ya conozcan el mito de Narciso, que obnubilado por el reflejo de su propia belleza en las aguas de un lago, perdió el equilibrio (“equilibrio” otra vez... todo tiene que ver con todo) decía que perdió el equilibrio y cayó al agua, ahogándose. En psicoanálisis el término narcicismo se utiliza para describir diversas “patologías”. No vamos a adentrarnos en este tema más que para tomar este término, y llevarlo a lo que coloquialmente conocemos como: “autoestima”. Así también es más sencillo de explicar. Creo que el término se define por sí mismo y no es necesario agregar más. En el caso de Narciso, podríamos decir que la acentuada “estima” que tenía de “sí mismo”, lo llevó nada menos que a perder su vida. En el otro extremo, cuando esa “estima de sí mismo”, en vez de estar acentuada está disminuida, aparecen signos de empobrecimiento del yo (sentimiento de que “no valgo lo suficiente”, “nadie me quiere” “no puedo hacer que alguien me ame”, etc.), y especialmente es uno de los puntos que más se ve afectado cuando ocurre una infidelidad. Allí reaparecen todos los defectos que sentimos que tenemos, todas nuestras inseguridades, y se nos vuelven en contra. Por eso muchas veces, aunque intuimos que el otro nos puede estar engañando, negamos esa posibilidad porque confirmarlo se puede hacer intolerable. Una vez comprobado el engaño nuestra “auto-estima” generalmente queda resumida a casi nada. Y digo “casi” nada, porque en la mayoría de los casos (y aunque el dolor no permita verlo) está la posibilidad de recuperarla. Claro que es un proceso que lleva tiempo, y depende de cómo cada uno elabora el duelo por esa relación que se terminó. Repito: terminó la relación que habíamos idealizado, independientemente de que se continúe el vínculo con el otro. A no confundirse porque son dos cosas distintas. Y acá me gustaría agregar algo más. Cuando hablamos de “pareja” (vuelvo al diccionario), estamos hablando de un adjetivo: parejo. Parejo significa: semejante, igual, similar. Si en una relación no hay proyectos en común que nos igualen, que nos asemejen, que sean similares, si no “tiramos los dos para el mismo lado”… lamento decirles que no hay posibilidad de PAREJA. Puede haber posibilidad de mantener un vínculo, hasta una relación “amorosa” con esa persona, pero vuelvo a diferenciar estos dos términos: pareja – relación. ¿Y cómo sabemos si tenemos una pareja o una relación? Justamente teniendo en cuenta esto que nos iguala, que nos “em-pareja” con el otro, y que nos lleva a compartir proyectos.

Muchas personas que han decidido terminar la relación luego de descubrir una infidelidad, sufren el dilema de: tolerar el engaño, teniendo en cuenta “el amor que nos unió”, o terminar definitivamente con la relación. Nada fácil, más cuando los sentimientos están a flor de piel.
Muchas veces las personas que sufren una infidelidad, suelen continuar la relación por temor. Y eso es algo que también escuché muchas veces en el consultorio: temor a no volver a formar pareja, temor a que otra persona no me acepte como soy, temor a no poder volver a conquistar a alguien, temor a “volver a empezar”. Es cierto, muchas veces la incertidumbre paraliza. Y acá volvemos a esto de “buscar un equilibrio que nos ayude a pensar”. Ya tenemos más herramientas para intentar definir si el vínculo que nos unía a esa persona se trataba de: una “pareja” o de una “relación”. Cuando podemos empezar a pensar, podemos empezar de a poco a visualizar distintas alternativas. Podemos empezar a tomar conciencia de que no estamos solos (que justamente es lo primero que se piensa, cuando sentimos que perdemos el amor del otro). Podemos empezar a “rehacernos”, “rearmarnos”, “restaurarnos”. De a poco, podemos empezar a definir qué es lo que realmente necesitamos.





Recordá que estamos para AYUDARTE A SALIR DE ESTA SITUACIÓN.

viernes, 12 de octubre de 2012

¿Cómo ayudo a un familiar deprimido?


Lic. Carina Torrez


En los últimos tiempos he tenido varias consultas sobre este tema. Suelen preguntarme: "¿Cómo ayudo a mi marido (esposa/hijo/amigo) que está deprimido? Le decimos que salga; le proponemos hacer cosas divertidas pero no quiere.. se la pasa tirado/a en la cama o en el sillón, mirando tele o durmiendo.. dice que la vida no tiene sentido. Estamos muy preocupados. Tenemos miedo de que haga "algo malo". ¿Qué podemos hacer?"





En principio no hay una sola respuesta para esta pregunta, porque cada persona es particular. Cada uno tiene sus características personales, su historia, y está atravesada también por los hechos actuales que puedan estar ocurriendo.

En una ocasión puntual me han consultado por un familiar, que luego de un asalto en la vía pública, adonde sufrió no sólo la violencia de que arrebaten sus objetos personales, sino que también sufrió la amenaza de que le quitarían la vida si no accedía a entregarle lo que los delincuentes le pedían. A partir de este hecho (refiere el familiar), esta persona: "...es como que entró en un pozo depresivo, y no lo podemos sacar." Ante mi pedido de describir este "pozo depresivo", refiere más o menos el cuadro que les comentaba al comienzo: apatía, falta de interés por cosas que antes le agradaban, aislamiento, hipersomnia (duerme mucho), abulia (falta de voluntad), descuido en el arreglo personal (varios días sin bañarse/afeitarse/cambiarse de ropa). Todos estos signos podrían hacer intuir que la persona está atravesando un proceso "depresivo". Esto no es lo mismo que decir que la persona sufre de una Depresión. Voy a tratar de ser un poco más clara:

Para los profesionales de salud mental que se rigen por el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (más conocido como DSM - IV), la Depresión como patología implica:



Presencia de cinco (o más) de los siguientes síntomas durante un período de 2 semanas, que representan un cambio respecto a la actividad previa; uno de los síntomas debe ser:

 Estado de ánimo depresivo o
 Pérdida de interés o de la capacidad para el placer.
{...}
1Estado de ánimo depresivo la mayor parte del día, casi cada día según lo indica el propio sujeto (p. ej., se siente triste o vacío) o la observación realizada por otros (p. ej., llanto). En los niños y adolescentes el estado de ánimo puede ser irritable
2Disminución acusada del interés o de la capacidad para el placer en todas o casi todas las actividades, la mayor parte del día, casi cada día (según refiere el propio sujeto u observan los demás)
3Pérdida importante de peso sin hacer régimen o aumento de peso(p. ej., un cambio de más del 5 % del peso corporal en 1 mes), o pérdida o aumento del apetito casi cada día. Nota: En niños hay que valorar el fracaso en lograr los aumentos de peso esperables
4Insomnio o hipersomnia (sueño excesivo) casi cada día.
5Agitación o enlentecimiento psicomotores casi cada día(observable por los demás, no meras sensaciones de inquietud o de estar enlentecido)
6Fatiga o pérdida de energía casi cada día
7Sentimientos de inutilidad o de culpa excesivos o inapropiados(que pueden ser delirantes) casi cada día (no los simples autorreproches o culpabilidad por el hecho de estar enfermo)
8Disminución de la capacidad para pensar o concentrarse, o indecisión, casi cada día (ya sea una atribución subjetiva o una observación ajena)
9Pensamientos recurrentes de muerte (no sólo temor a la muerte), ideación suicida recurrente sin un plan específico o una tentativa de suicidio o un plan específico para suicidarse
Estos síntomas "provocan malestar clínicamente significativo o deterioro social, laboral o de otras áreas importantes de la actividad del individuo."
"Los síntomas no son debidos a los efectos fisiológicos directos de una sustancia (p. ej., una droga, un medicamento) o una enfermedad médica {...}"

Los síntomas no se explican mejor por la presencia de un duelo (p. ej., después de la pérdida de un ser querido), los síntomas persisten durante más de 2 meses o se caracterizan por una acusada incapacidad funcional, preocupaciones mórbidas de inutilidad, ideación suicida, síntomas psicóticos o enlentecimiento psicomotor.

En cuanto al tiempo de recuperación: depende de cada caso en particular. Sin embargo, en general lleva unos cuantos meses empezar a sentir mejorías notables.
No hay recetas mágicas, ni palabras justas que puedan hacerlo "sentir mejor". Quizás lo más sano es que se pueda sentir mal (recordemos que está atravesando una situación dolorosa), hasta que de a poco pueda ir retomando su vida apoyándose en su entorno afectivo y por ejemplo, en actividades de interés.


Dicho de otro modo: entre la gente que rodea al paciente que atraviesa un estado de ánimo depresivo, SIEMPRE están las ganas de "hacer algo para que se sienta mejor", pero como decía antes, quizás en este momento lo que necesite la persona es precisamente expresar sus sentimientos: sentirse mal, angustiado, con bronca, con miedo.. y una vez procesado todo eso recién va a poder empezar a armar su vida de nuevo.


Lo mejor que se puede hacer es acompañarlo. Y aunque suene raro, lo peor que se puede hacer es buscar la forma de que se sienta bien de una manera forzada. Cuando una persona presenta este estado de ánimo "depresivo", y los demás se esfuerzan constantemente para "hacerlo sentir mejor", la persona se siente frustrada porque por más que quiera no se puede sentir mejor (por ahora). Es como un círculo vicioso: 
- el paciente se siente mal por lo la situación que está atravesando; 
- los que lo rodean quiere que se sienta bien pero él no puede porque aún no está en condiciones de recuperarse; 
- el paciente se frustra porque seguramente querrá sentirse mejor y aún no lo logra; 
- su círculo más cercano se frustra por "no poder ayudarlo"... 
Así,no sólo que todos terminan sintiéndose peor que al principio, sino que se vuelve a iniciareste ciclo.




Lo más natural en estos casos (aunque suene paradójico o contradictorio) es que se el paciente sienta malestar. Desde el entorno, lo mejor sería poder acompañarlo en los sentimientos que tenga: si es angustia, contenerlo.. si es bronca, dejarlo que se exprese; si tiene quiere realizar alguna actividad y nos pide compañía, acceder a su pedido pero SIN EXIGIRLO.


Siempre tendemos a querer que nuestros afectos estén felices y contentos, pero no siempre se puede. Es natural que querramos eso para la gente que queremos, pero en este caso (como en muchos otros), lo mejor que se puede hacer es simplemente ACOMPAÑAR.


No es bueno sumar la propia ansiedad por ayudarlo, a la angustia que él siente, ya que es probable que esto genere frustración tanto en el paciente como en el allegado.

Todos tenemos nuestros tiempos para adaptarnos, y a en cierta situaciones provocan cambió en percepción de la realidad del paciente, y así mismo su su mirada ante la vida.


Habrá que tener paciencia e intentar relajarse, que eventualmente todo pasa. Y para finalizar: no es recomendable arengar con frases del estilo: "Ya vas a salir adelante!". Esto también se siente como una presión, y la persona tiende a pensar: "Ya tendría que estar bien, y sigo bajoneado", lo cual no suele aportar una mejora en su estado. Es preferible comprender e intentar transmitir esto que comentaba anteriormente: CADA CUAL TIENE SUS TIEMPOS. Quizás una buena forma de transmitirlo con palabras sería: "Tranquilo. Tomate tu tiempo, que vamos a estar acompañándote hasta que te sientas mejor."





Hay que tener en cuenta que si los síntomas se intensifican; que si vemos que el cuadro se mantiene en el tiempo por un lapso prolongado (meses o años), es importante recurrir a un especialista.


Y recordá que estamos para AYUDARTE A SALIR DE ESTA SITUACIÓN.

viernes, 12 de agosto de 2011

Sufre "ATAQUES DE PÁNICO"? Empiece a solucionarlo desde ahora

Por la Lic. Carina Torrez








DESCRIPCIÓN - RECOMENDACIONES - CONSEJOS PARA EL MOMENTO DEL ATAQUE

Los famosos ataques de pánico, son también llamados “crisis de angustia”, según el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Desórdenes Mentales (DSM-IV). Les cuento que este manual fue creado por la Asociación Psiquiátrica Americana (USA) cuya primera versión, el DSM-I, se editó en el año 1952. Tengan en cuenta este dato para algo que les voy a contar más adelante.


Volviendo al tema del “Panic Attack” o como a ustedes más les guste llamarlo, puede aparecer en distintos trastornos de ansiedad, por ejemplo: el trastorno de angustia, las fobias (fobia social, fobia específica), el trastorno por estrés postraumático (TEP), o el trastorno por estrés agudo. Lo más importante para hacer un correcto diagnóstico de estos trastornos, es tener en cuenta en qué contexto aparecen.


Dice el DSM-IV:
“Existen tres tipos característicos de crisis de angustia, que se diferencian por el modo de inicio y la presencia o ausencia de desencadenantes ambientales:
- crisis de angustia inesperadas (no relacionadas con estímulos situacionales), en las que el inicio de la crisis de angustia no se asocia a desencadenantes ambientales (es decir, aparecen sin ningún motivo aparente);
- crisis de angustia situacionales (desencadenadas por estímulos ambientales), donde la crisis de angustia aparece de forma casi exclusiva inmediatamente después de la exposición o anticipación de un estímulo o desencadenante ambiental (p. ej., ver una serpiente o un perro desencadena automáticamente una crisis de angustia), y
- crisis de angustia más o menos relacionadas con una situación determinada, las cuales tienen simplemente más probabilidades de aparecer al exponerse el individuo a ciertos estímulos o desencadenantes ambientales, aunque no siempre existe esta asociación con el estímulo ni tampoco siempre el episodio aparece inmediatamente después de exponerse a la situación (p. ej., las crisis tienen más probabilidades de aparecer al conducir, pero a veces el individuo puede llevar su coche sin sufrir ninguna crisis de angustia, o bien padecerla a la media hora de estar conduciendo).”




El DSM-IV (Editado alrededor del año 1990) indica como criterios para diagnosticar el ATAQUE DE PANICO lo siguiente:


“Aparición temporal y aislada de miedo o malestar intensos, acompañada de cuatro (o más) de los siguientes síntomas, que se inician bruscamente y alcanzan su máxima expresión en los primeros 10 min:
(1) palpitaciones, sacudidas del corazón o elevación de la frecuencia cardíaca
(2) sudoración
(3) temblores o sacudidas
(4) sensación de ahogo o falta de aliento
(5) sensación de atragantarse
(6) opresión o malestar torácico
(7) náuseas o molestias abdominales
(8) inestabilidad, marco o desmayo
(9) desrealización (sensación de irrealidad) o despersonalización (estar separado de uno mismo)
(10) miedo a perder el control o volverse loco
(11) miedo a morir
(12) parestesias (sensación de entumecimiento u hormigueo)
(13) escalofríos o sofocaciones ”







Bueno, se acuerdan que les pedí que tengan en cuenta el año de aparición del DSM creado por la Asociación Psiquiátrica Americana (por si no se acuerdan, era en 1952), bueno, resulta que un señor llamado Sigmund Freud ya había escrito algo sobre este tema…. en el año 1894 (La neurastenia y la Neurosis de Angustia). Es decir, que el llamado "Ataque de pánico" no es nada nuevo. Aquí les transcribo el texto:


“ Sólo consigno aquí la lista de las formas que yo conozco del ataque de angustia:
a. Ataque de angustia acompañado por perturbaciones de la actividad cardíaca, palpitaciones, arritmia breve, taquicardia persistente, hasta llegar a estados graves de debilidad del corazón que no siempre es fácil distinguir de una afección cardíaca orgánica; pseudoangina pectoris, de muy espinoso diagnóstico.
b. Ataques de angustia acompañados por perturbaciones de la respiración, varias formas de disnea nerviosa, ataques semejantes al asma, etc. Pongo de relieve que tampoco estos ataques se acompañan siempre de una angustia reconocible,
c. Ataques de oleadas de sudor, a menudo, nocturnos.
d. Ataques de temblores y estremecimientos, que es muy fácil confundir con ataques histéricos.
e. Ataques de hambre insaciable, a menudo conectados con vértigos.
f. Diarreas que sobrevienen como ataques.
g. Ataques de vértigo locomotor.
h. Ataques de las llamadas «congestiones», vale decir, casi todo lo que se ha llamado «neurastenia vasomotriz».
i, Ataques de parestesias (pero es raro que estas se presenten sin angustia o un malestar semejante).
5. Muy frecuente es el terror nocturno (pavor nocturnus de los adultos), por lo común acompañado de angustia, disnea, sudor, etc. No es nada más que una variedad del ataque de angustia. Esta perturbación condiciona una segunda forma de insomnio en el marco de la neurosis de angustia. Por otra parte, me he convencido de que también el pavor nocturnus de los niños no es más que una forma perteneciente a la neurosis de angustia. Su sesgo histérico, el enlace de la angustia con la reproducción de una vivencia o de un sueño adecuados a ella, lo hacen aparecer como algo particular; pero también se presenta puro, sin sueño o sin alucinación recurrente.
6. Una posición destacada dentro del grupo de síntomas de la neurosis de angustia la ocupa el vértigo, que en sus formas más leves es mejor designar «mareo», y en su forma más acusada y grave, «ataque de vértigo»; esté (…) consiste en un malestar específico, acompañado por las sensaciones de que el piso oscila, las piernas desfallecen, es imposible mantenerse más tiempo en pie, y a todo esto las piernas pesan como plomo, tiemblan o se doblan las rodillas. Este vértigo nunca conduce a una caída.
El ataque de vértigo está acompañado no rara vez por la peor variedad de angustia; a menudo se combina con perturbaciones cardíacas y respiratorias. También, según mis observaciones, el vértigo a la altura, en la montaña o frente al abismo, se presenta con frecuencia en la neurosis obsesiva; yo no sé si hay fundamentos para reconocer además un vértigo a stomacho laeso {de origen gástrico}.
[…]
8. La actividad digestiva experimenta en la neurosis de angustia unas pocas, pero características, perturbaciones. No son nada raras sensaciones como ganas de vomitar y náuseas, y el síntoma del hambre insaciable puede procurar, solo o junto con otros (congestiones), un ataque de angustia rudimentario; como alteración crónica, análoga a la expectativa angustiada, se halla una inclinación a la diarrea, que ha dado ocasión a los más extravagantes errores de diagnóstico. “




RECOMENDACIONES

1) CONSULTEN A UN MEDICO





Lo principal es descartar una posible afección clínica. Una vez despejadas esas dudas, podrán llegar a tener un diagnóstico correcto.
Hasta no hace mucho, los médicos clínicos indicaban infinidades de exámenes de laboratorio, placas radiográficas, electros, etc. sin poder encontrar “la enfermedad” que causaba esos síntomas. Es por eso que muchas personas pasaron años y años consultando a distintos especialistas y realizándose decenas de estudios (todos con resultados normales), hasta que finalmente daban con un profesional que acertaba el diagnóstico.
Sin embargo, hoy en día el diagnóstico suele realizarse en un tiempo más breve.

2) NO SE AUTOMEDIQUEN.




Por favor, esto es MUY IMPORTANTE, ya que hay muchísima gente que se automedica con benzodiacepinas (clonazepam, alprazolam, diazepam) sólo por recomendación de un amigo que dice: “a mi me pasaba lo mismo, me dieron estas pastillas y ando re-bien”. Sólo un especialista puede indicar esta medicación, preferentemente un psiquiatra ( lo aclaro porque hay médicos clínicos sin especialización en psiquiatría que también medican con psicofármacos, y no realizan un seguimiento de la evolución del paciente).
También hay que tener en cuenta que hay muchos casos en los que no es necesaria NINGUN TIPO DE MEDICACION.
Quizás algún psiquiatra lea esto y no esté de acuerdo con mi opinión, pero realmente hay muchos casos de recuperación en un 100% sin necesidad de medicación.

3) LOS TRATAMIENTOS.




Lo más recomendable, en caso de realizar un tratamiento psicofarmacológico, es acompañarlo de psicoterapia.
En lo que a mi respecta como profesional, hay casos en los que es necesario que el paciente sea medicado (cuando por estos síntomas se ve afectada su vida social o laboral). Hay otros pacientes que pueden convivir con sus síntomas y llevar una “vida normal”, ya que pueden organizar mecanismos que le permitan evitar situaciones que le generen malestar, o que no se ven afectadas las áreas del sueño o la alimentación, por ejemplo. Estos pacientes pueden mejorar simplemente realizando algún tratamiento psicoterapéutico (psicoanálisis, psicoterapia cognitiva… etc.) Obviamente que los resultados no son tan rápidos como cuando se toma medicación, pero no siempre sólo con medicación se acaba el problema.

4) CON LOS ESPECIALISTAS, PREGUNTEN TODO LO QUE SE LES OCURRA




No se queden con dudas. Nadie se va a ofender si preguntan ¿para qué es esta medicación? ¿en qué me va a ayudar? ¿cuánto tiempo la voy a tener que tomar? ¿usted es Licenciado en psicología? (ojo con los psicólogos sociales, que hay unos cuantos que realizan tratamientos y no están habilitados para ello). Todas estas preguntas ayudan a disminuir el nivel de ansiedad.

5) MUCHA PACIENCIA






Cuando uno se siente mal, quiere CURARSE YA!! Pero lamentablemente no existen "pociones" ni "píldoras mágicas". Hay que armarse de mucha paciencia, y saber que en todo tratamiento puede haber avances y retrocesos, eso es normal.
Valoren los pequeños logros que van realizando, sin pensar “estoy bien, pero hay que ver cuánto me dura”.
Sepan que un tratamiento es un trabajo muy duro, pero si están dispuestos a realizarlo la recompensa será ese alivio que tanto anhelan.





CONSEJOS PARA EL MOMENTO DEL ATAQUE


En cuanto al famoso “ataque de pánico” en sí (que ahora podemos llamar CRISIS DE ANGUSTIA), las recomendaciones para el momento mismo en que sobreviene pueden ser las siguientes:

1) Si ya tiene un diagnóstico de trastorno de ansiedad, ataque de pánico o como quiera que lo haya nombrado su médico, debe tener en cuenta que:
a) No se va a ahogar, por más que sienta ese malestar en la garganta.
b) No le va a dar un paro cardíaco, por más que sienta el corazón latiendo en tu pecho (lo siente porque toda tu atención está puesta en eso. Puede probar en una noche tranquila, recostado en su cama, prestando atención a los latidos de su corazón y se va a dar cuenta que también lo siente sin necesidad de tener un ataque de pánico).
c) Los mareos son porque está tomando demasiado aire, más del que su organismo necesita (hiperventilación). También puede hacer la prueba, en un día tranquilo: siéntese en una silla y empiece a respirar rápido y profundo por la nariz y tirando el aire por la boca.. al cabo de unos minutos respirando de esta manera, se sentirá mareado… su cerebro tiene demasiado oxígeno).





2) Siéntese en una silla y pone la cabeza entre las piernas, respirando suavemente. Evite las ganas de “llenar los pulmones de aire”, porque ellos YA TIENEN DEMASIADO OXIGENO, por eso no "le entra" mas aire.





3) Suele funcionar muy bien lo que se ve en las películas: respirar dentro de una bolsa de papel (o de nylon). Esto ayuda a que en tus pulmones entre dióxido de carbono, y por ende, haya menos oxígeno (ese que le hace sentir que no puede respirar…. irónico, no?)





4) En algunos casos también funciona recostarse boca arriba, intentando respirar lo mas suavemente posible, y recorrer cada centímetro del techo con la mirada.



 BIBLIOGRAFÍA
- DSM-IV, Edición 1992
- Freud, Obras Completas, La Neurastenia y la Neurosis de Angustia (1894)